Hace una década leí Walden por primera vez y me pareció el libro más insoportable del mundo. Un señor encerrado en una cabaña dando lecciones de cómo vivir. ¿Qué sabrá él?
Lo cogí de la estantería el mes pasado, casi por accidente. Y lo que entonces me parecía pedantería ahora lo leo como el diario honesto de alguien intentando entender qué necesitaba para ser feliz.
La frase que más me ha resonado: 'La mayoría de los hombres llevan vidas de tranquila desesperación'. Tan dura como verdadera. Tan necesaria de oír.
Quizá los libros no cambian. Cambiamos nosotros. Y a veces necesitamos una década para entender lo que un texto trataba de decirnos.